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domingo, 1 de enero de 2012
lunes, 26 de diciembre de 2011
La gran regresión
Ignacio Ramonet
Está claro que no existe, en el seno de la Unión Europea (UE), ninguna voluntad política de plantarle cara a los mercados y resolver la crisis. Hasta ahora se había atribuido la lamentable actuación de los dirigentes europeos a su desmesurada incompetencia. Pero esta explicación (justa) no basta, sobre todo después de los recientes “golpes de Estado financieros” que han puesto fin, en Grecia y en Italia, a cierta concepción de la democracia. Es obvio que no se trata sólo de mediocridad y de incompetencia, sino de complicidad activa con los mercados.
¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.
Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real...
Consecuencia: ninguna economía nacional, por poderosa que sea (Italia es la octava economía mundial), puede resistir los asaltos de los mercados cuando éstos deciden atacarla de forma coordinada, como lo están haciendo desde hace más de un año contra los países europeos despectivamente calificados de PIIGS (cerdos, en inglés): Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.
Lo peor es que, contrariamente a lo que podría pensarse, esos “mercados” no son únicamente fuerzas exóticas venidas de algún horizonte lejano a agredir nuestras gentiles economías locales. No. En su mayoría, los “atacantes” son nuestros propios bancos europeos (esos mismos que, con nuestro dinero, los Estados de la UE salvaron en 2008). Para decirlo de otra manera, no son sólo fondos estadounidenses, chinos, japoneses o árabes los que están atacando masivamente a algunos países de la zona euro.
Se trata, esencialmente, de una agresión desde dentro, venida del interior. Dirigida por los propios bancos europeos, las compañías europeas de seguros, los fondos especulativos europeos, los fondos europeos de pensiones, los establecimientos financieros europeos que administran los ahorros de los europeos. Ellos son quienes poseen la parte principal de la deuda soberana europea (2). Y quienes, para defender –en teoría– los intereses de sus clientes, especulan y hacen aumentar los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse, hasta llevar a varios de éstos (Irlanda, Portugal, Grecia) al borde de la quiebra. Con el consiguiente castigo para los ciudadanos que deben soportar las medidas de austeridad y los brutales ajustes decididos por los gobiernos europeos para calmar a los “mercados” buitres, o sea a sus propios bancos...
Estos establecimientos, por lo demás, consiguen fácilmente dinero del Banco Central Europeo al 1,25% de interés, y se lo prestan a países como, por ejemplo, España o Italia, al 6,5%... De ahí la importancia desmesurada y escandalosa de las tres grandes agencias de calificación (Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s) pues de la nota de confianza que atribuyen a un país (3) depende el tipo de interés que pagará éste por obtener un crédito de los mercados. Cuanto más baja la nota, más alto el tipo de interés.
Estas agencias no sólo suelen equivocarse, en particular en su opinión sobre las subprimes que dieron origen a la crisis actual, sino que, en un contexto como el de hoy, representan un papel execrable y perverso. Como es obvio que todo plan de austeridad, de recortes y ajustes en el seno de la zona euro se traducirá en una caída del índice de crecimiento, las agencias de calificación se basan en ello para degradar la nota del país. Consecuencia: éste deberá dedicar más dinero al pago de su deuda. Dinero que tendrá que obtener recortando aún más sus presupuestos. Con lo cual la actividad económica se reducirá inevitablemente así como las perspectivas de crecimiento. Y entonces, de nuevo, las agencias degradarán su nota...
Este infernal ciclo de “economía de guerra” explica por qué la situación de Grecia se ha ido degradando tan drásticamente a medida que su gobierno multiplicaba los recortes e imponía una férrea austeridad. De nada ha servido el sacrificio de los ciudadanos. La deuda de Grecia ha bajado al nivel de los bonos basura.
De ese modo los mercados han obtenido lo que querían: que sus propios representantes accedan directamente al poder sin tener que someterse a elecciones. Tanto Lucas Papademos, primer ministro de Grecia, como Mario Monti, Presidente del Consejo de Italia, son banqueros. Los dos, de una manera u otra, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, especializado en colocar hombres suyos en los puestos de poder (4). Ambos son asimismo miembros de la Comisión Trilateral.
Estos tecnócratas deberán imponer, cueste lo que cueste socialmente, en el marco de una “democracia limitada”, las medidas (más privatizaciones, más recortes, más sacrificios) que los mercados exigen. Y que algunos dirigentes políticos no se han atrevido a tomar por temor a la impopularidad que ello supone.
La Unión Europea es el último territorio en el mundo en el que la brutalidad del capitalismo es ponderada por políticas de protección social. Eso que llamamos Estado de bienestar. Los mercados ya no lo toleran y lo quieren demoler. Esa es la misión estratégica de los tecnócratas que acceden a las riendas del gobierno merced a una nueva forma de toma de poder: el golpe de Estado financiero. Presentado además como compatible con la democracia...
Es poco probable que los tecnócratas de esta “era post-política” consigan resolver la crisis (si su solución fuese técnica, ya se habría resuelto). ¿Qué pasará cuando los ciudadanos europeos constaten que sus sacrificios son vanos y que la recesión se prolonga? ¿Qué niveles de violencia alcanzará la protesta? ¿Cómo se mantendrá el orden en la economía, en las mentes y en las calles? ¿Se establecerá una triple alianza entre el poder económico, el poder mediático y el poder militar? ¿Se convertirán las democracias europeas en “democracias autoritarias”?
(1) Un billón = un millón de millones.
(2) En España, por ejemplo, el 45% de la deuda soberana lo poseen los propios bancos españoles, y los dos tercios del 55% restante, los detentan establecimientos financieros del resto de la Unión Europea. Lo cual significa que el 77% de la deuda española ha sido adquirida por europeos, y que sólo el 23% restante se halla en manos de establecimientos extranjeros a la UE.
(3) La nota más elevada es AAA, que, a finales de noviembre pasado, sólo poseían en el mundo algunos países: Alemania, Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Francia, Finlandia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza. La nota de Estados Unidos ha sido degradada, en agosto pasado, a AA+. La de España es actualmente AA-, idéntica a la de Japón y China.
(4) En Estados Unidos, Goldman Sachs ya consiguió colocar, por ejemplo, a Robert Rubin como Secretario del Tesoro del Presidente Clinton, y a Henry Paulson en esa misma función en el gabinete de George W. Bush. El nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue también vicepresidente de Goldman Sachs para Europa de 2002 a 2005.
sábado, 17 de diciembre de 2011
jueves, 6 de octubre de 2011
¿Qué es un broker?
El agente de bolsa es un homínido en peligro de extinción. Conocido comúnmente como bróker, vive en el bajo intestino de los mercados de valores (organismos con alto grado de sobrepeso) y su hiperactividad causa dos tipos de enfermedades parasitarias: la especulación en estado puro y la recesión económica del resto de los homínidos. En su forma más evolucionada, el broker no sabe lo es el descanso y sus vitalidad está directamente ligada al índice de sus ganancias. Sólo un cataclismo puede sacarle de su hipnosis especulativa. Para subsistir, necesita engullir valores hasta casi reventar; curiosamente, ni siquiera así se siente saciado y su apetito siempre sigue intacto. Debido a su frenética capacidad acumulativa, tienden a generar enormes burbujas, aún a costar de gangrenar los bajos intestinos en los que tan gratamente ejercen sus funciones, hinchándolos con beneficios imaginarios. Se caracterizan, así mismo, por su incapacidad de aceptar o prever la gravedad de sus acciones y por su obsesión compulsiva por el dinero. No siendo una especie muy numerosa, son sumamente dañinos con el entorno. No se conoce forma humana de domesticarlos. Cualquier técnica basada en el sentido común está abocada al fracaso. Cuando llevados por exaltación extrema de la ganancia, dan muerte a su querido bajo intestino del mercado de valores, se produce el cataclismo anteriormente mencionado. El shock es tan grande que muchos se preguntan: ¿por qué lo he hecho?
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Óscar
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lunes, 3 de octubre de 2011
El progreso sin alma
La lucha contra el mal en la que se debate el ser humano parece no tener fin. Tras el apogeo de conflictos, tensiones y destrucción de que hizo gala el siglo XX, en lugar de progresar de forma simétrica, respetando la pluralidad de intereses, el olvido, la indiferencia y el desconocimiento permiten que la historia se repita sin que haya siquiera resistencia. Total: tenemos cosas más importantes en las que pensar. Sin embargo, hay factores externos, más o menos abstractos, que nos condicionan profundamente. La realidad va mucho más allá de nuestro ámbito diario y transciende fronteras. Así, mientras rechazamos la inmigración “pobre”, no tenemos ningún problema en aceptar que nuestras empresas desembarquen en los países de origen de estos individuos, sin preocuparnos demasiado en cómo lo hacen. Tenemos que entender que nuestro día a día está repleto de hilos que nos conectan con las fábricas de China, con talleres de Marruecos, con el software de EEUU., el petróleo de Oriente Medio, etc... De alguna manera, llevamos una vida de apariencia global. Esto forma parte del progreso, nos dicen. Pero ¿qué es el progreso? ¿Sólo se trata de un acceso ininterrumpido a lo material? Entiendo que no. El verdadero progreso comienza en nuestro interior, en la superación de la razón sobre la fuerza, de la generosidad frente a la codicia.
Pero esto poco tiene que ver con el progreso superficial que disfrutamos. El Monopoly financiero ahora está jugando con las materias primas. ¿Adónde nos está llevando esto? Y que el consumismo no nos oculte su propio fracaso. En este todos contra todos, la cosas que dan sentido a la vida quedan en segundo plano. La impunidad financiera, los paraísos fiscales, la venta de armas, las dictaduras mantenidas, el expolio ecológico, etc… están ahí. Todo el mundo lo sabe. ¿Por qué seguimos entonces mirando para otro lado? Nuestra realidad también forma parte de esto. Si hay algo positivo de cualquier crisis es que, durante un tiempo, la realidad se presenta más diáfana, más concreta, más directa, sin las interferencias de la sobrealimentación política y mediática en la que estamos atrapados; sin el consumismo en la que volcamos buena parte de nuestros anhelos, flotando sin dirección. Durante ese tiempo de clarividencia comprendemos que una sociedad sin imaginación, está muerta; en una sociedad sin ideas, sin emociones verdaderas, el poder disfruta de un alto nivel de impunidad. Porque ¿cuántos banqueros han sido castigados por arruinar la vida de tantos millones? Para el ciudadano de pie – o sea, para la víctima en potencia - los mercados parecen dioses inalcanzables, situados sobre las naciones, sin un ápice de solidaridad. Y como Dioses, son temidos. Sabemos que, de ser algo, son crueles. Muchos nos quieren hacer creer que representan la libertad. ¿De qué tipo de libertad están hablando? ¿El de la codicia? Como dije antes, la libertad es una clase de belleza muy especial, de creación positiva, en un contexto adecuado para la búsqueda interior. La libertad de enriquecerse es la esclavitud de empobrecer al otro, y la libertad, para llamarse tal, no puede entrar en semejantes contradicciones. Debe de ser plena. Pero en los tiempos que corren, nos han transformado en eternos espectadores y casi nunca buscamos en nuestro interior. ¿Para qué si las estanterías de los Centros Comerciales están repletas? ¿Para qué si hay más de 100 canales de televisión? No quieren escuchar nuestras voces. Ni siquiera nosotros las escuchamos. La lucha contra el mal empieza precisamente con nuestra independencia: de opinión; de acción, de pensamiento. La independencia es libertad. La libertad es una forma de belleza. La belleza no tiene nada que ver con los excesos, la codicia y la indiferencia. Nada.
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Óscar
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viernes, 26 de agosto de 2011
La isla de las flores
TÍTULO ORIGINAL: Ilha das Flores (Isle of Flowers)
AÑO: 1989
PAÍS: Brasil
GUIÓN: Jorge Furtado
MÚSICA: Geraldo Flach
FOTOGRAFÍA Sergio Amon, Roberto Henkin
PRODUCTORA Nora Goulart, Monica Schmiedt
PREMIOS 1989: Festival de Berlín: Oso de Plata (mejor cortometraje)
Brillante y divertido cortometraje de apenas 13 minutos basado en la cadena productiva que conduce los tomates plantados por el Sr. Suzuki a un vertedero de Porto Alegre, más conocido por la isla de las Flores. Metáfora mordaz de nuestro sistema económico en el que los productos se exponen profusamente empaquetados, como si de joyas se tratasen, en los escaparates de las tiendas, sobre los estantes de los centros comerciales, para acabar, muchas veces, en las entrañas de cualquier vertedero, improvisado supermercado, a su vez, de las clases más desfavorecidas de tantos paises. El director retrata con ironía las miserias de nuestra especie, en el que la inteligencia contrastada que a veces demostramos, desaparece muy a menudo gracias a nuestro desinterés por aquello que no queremos ver.
domingo, 24 de julio de 2011
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