Quién puede dudar de que
vivimos en un mundo hechizado en el sentido más estricto de la palabra. Una
gran mayoría, espoleada una catarata de publicidad insaciable, por la
propaganda política más simplista, por la manipulación mediática, difundidas durante
años, sin interrupción, hemos ido
perdiendo la perspectiva, hemos ido alejándonos los unos de los otros, por el
solitario camino del individualismo, condenados a ejecutar los patrones establecidos
sin cuestionarnos nada, absortos en nuestras vidas. Sólo la crisis económica
reinante nos ha permitido apartar levemente la vista de los televisores, pero
lo hemos hecho todavía hechizados, todavía
confusos, todavía profundamente sumisos y obedientes. Nuestros argumentos están, todavía hoy,
invadidos por la confusión que nos han inyectado. Nuestras ideas, sueños y
necesidad están, todavía hoy, saturados por mensajes programados, por ideas
precocinadas en los talleres del consumo, de la política al servicio de lo
superficial. El tam-tam de la
incoherencia retumba en todos nuestros hogares. Ni siquiera somos capaces de
bajar el volumen de tanta basura. Somos los hechizados, aferrados a nuestros
teléfonos, caminando con pasos mecánicos, deambulando como sonámbulos bajo las
fórmulas destinadas a mantenerlos en estado de alienación constante.
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miércoles, 31 de julio de 2013
viernes, 24 de febrero de 2012
El hambre es obra de las personas y la humanidad puede eliminarla
Entrevista a Jean Ziegler, ex relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación.
1.- ¿Qué relación establece usted entre el endeudamiento de los países más industrializados y el hambre que atenaza una parte importante de la población africana?
Antes de responder a su pregunta, quisiera hablar de la extensión del desastre. La masacre anual de decenas de millones de seres humanos producida por el hambre es el escándalo de nuestro siglo. Cada cinco segundos muere de hambre un niño menor de 10 años, 37.000 personas mueren de hambre cada día y 1.000 millones, de los 7.000 que somos, quedan mutilados por la subalimentación permanente… y eso en un planeta que desborda riquezas.
Antes de responder a su pregunta, quisiera hablar de la extensión del desastre. La masacre anual de decenas de millones de seres humanos producida por el hambre es el escándalo de nuestro siglo. Cada cinco segundos muere de hambre un niño menor de 10 años, 37.000 personas mueren de hambre cada día y 1.000 millones, de los 7.000 que somos, quedan mutilados por la subalimentación permanente… y eso en un planeta que desborda riquezas.
El informe sobre la inseguridad alimentaria en el mundo elaborado por la FAO, que da las cifras de las víctimas, dice que la agricultura mundial en la etapa actual podría alimentar normalmente (2.200 calorías diarias por individuo adulto) a 12.000 millones de personas, o sea, casi el doble de la población mundial actual.
En el umbral de este nuevo milenio, por lo tanto no existe ninguna fatalidad, ninguna penuria objetiva. Un niño que muere de hambre cae asesinado.
Durante ocho años fui relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación. Este libro, Destruction massive. Géopolitique de la faim, es el relato de mis combates, de mis fracasos, de mis ocasionales y frágiles victorias y también de mis traiciones.
El problema de los que padecen hambre no es la disponibilidad general de alimentos en el planeta, sino su propio acceso a los alimentos, y esencialmente su falta de poder adquisitivo para comprarlos. El hambre estructural es la que mata cotidianamente debido a las fuerzas de producción insuficientemente desarrolladas en los campos del hemisferio sur. El hambre coyuntural, por el contrario, golpea cuando una economía se desploma bruscamente, a causa de una catástrofe climática o una guerra.
Vuelvo a su pregunta. La relación entre la deuda y la destrucción por el hambre es particularmente evidente en el combate contra el hambre coyuntural.
Entre 2008 y 2010, el Programa Alimentario Mundial perdió prácticamente la mitad de su presupuesto: era de 6.000 millones de dólares en 2008, y ahora es de 3.200 millones. Los Estados industriales se endeudaron masivamente para refinanciar a sus bancos… y han eliminado o reducido fuertemente sus contribuciones al PAM. Pero el PAM es el encargado de la ayuda alimentaria urgente en caso de catástrofe climática o de guerra.
En consecuencia, el Programa Alimentario Mundial no puede comprar alimentos suficientes para la ayuda urgente en caso de hambruna, como pasa ahora en el Cuerno de África, donde los funcionarios de la ONU rechazan todos los días la entrada de cientos de familias, refugiadas del hambre, en sus 17 campos de acogida instalados en la región. La deuda es responsable de la destrucción de miles de seres humanos.
2.- Bajo la misma perspectiva, ¿qué relación establecería usted entre la crisis bancaria y económica que estalló en los años 2007-2008 en los países más industrializados y la crisis alimentaria mundial, casi simultánea?
La crisis financiera de 2007-2008 provocada por la delincuencia bancaria tuvo en especial dos consecuencias. La primera: los fondos especulativos (hedge funds) y los grandes bancos se trasladaron después de 2008, abandonando los mercados financieros para orientarse hacia mercados de bienes primarios, principalmente agrícolas. Si observamos los precios de los tres alimentos básicos (maíz, arroz y trigo), que cubren el 75% del consumo mundial de alimentos, vemos que aumentaron de forma explosiva. En 18 meses, el precio del maíz aumentó un 98%, la tonelada de arroz pasó de 105 dólares a 1.010 dólares y la tonelada de trigo para harina dobló su precio desde septiembre de 2010, pasando a 271 euros. Esta explosión de precios produce beneficios astronómicos a los especuladores, pero mata en los barrios miserables a centenares de miles de mujeres, hombres y niños.
La segunda consecuencia es la carrera de los hedge funds y otros especuladores por las tierras cultivables del hemisferio sur.
Según el Banco Mundial, el año pasado, 41 millones de hectáreas de tierras cultivables fueron acaparadas por fondos de inversiones y multinacionales únicamente en África, con el resultado de la expulsión de los pequeños campesinos. Lo que se debe denunciar es el papel del Banco Mundial, y también del Banco Africano de Desarrollo, que financian estos robos de tierras. Para justificarse, estas organizaciones enuncian la teoría perniciosa de que la productividad agrícola en África es muy baja. Cosa cierta. Pero se debe aclarar que no es porque los campesinos africanos sean menos competentes o menos trabajadores que los campesinos franceses. Es porque esos países están estrangulados por su deuda externa. No tienen dinero para constituir reservas para casos de catástrofes ni para invertir en la agricultura de subsistencia. Es falso que la solución vendrá de la cesión de las tierras a las multinacionales.
Lo que hay que hacer es que esos países sean capaces de invertir en agricultura y de dar a los campesinos los instrumentos mínimos para aumentar su productividad: herramientas, riego, buenas semillas, abonos.
Un ejemplo: el 3,8% de las tierras africanas son de regadío. En todo el continente sólo existen 250.000 animales para el trabajo agrícola y algunos miles de tractores. Los abonos minerales, las semillas seleccionadas están, en gran medida, ausentes.
3.- ¿Cuál es la tesis central de su libro Destruction massive. La géopolitique de la faim?
El hambre es obra de las personas y la humanidad puede eliminarla. Los principales enemigos del derecho a la alimentación son la decena de sociedades transcontinentales privadas que dominan casi con exclusividad el mercado alimentario. Fijan los precios, controlan los stocks y deciden quién vivirá y quién morirá, porque solamente los que tienen dinero tendrán acceso a los alimentos. El año pasado, por ejemplo, Cargill controló más del 26% de todo el trigo comercializado en el mundo. Pero estos monopolios disponen además de organizaciones mercenarias: la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estos son los tres jinetes del Apocalipsis. Si bien reconocen que el hambre es terrible, estiman que cualquier intervención en el mercado es un pecado. Para ellos, reclamar una reforma agraria, un salario mínimo o la subvención de alimentos básicos, por ejemplo, para salvar las vidas de los más pobres es una herejía. Según estos grandes trusts, que de forma conjunta controlan cerca del 85 % del mercado alimentario, el hambre solamente se vencerá en el momento en que se produzca la liberalización total del mercado y la privatización de todos los sectores públicos.
Esta teoría neoliberal es mortífera y oscurantista. La Unión Soviética se derrumbó en 1991 (fue una buena cosa). Hasta ese momento, una de cada tres personas vivía bajo un régimen comunista y el modo de producción capitalista estaba limitado regionalmente. Sin embargo, en 20 años el capitalismo financiero se extendió como la peste por todo el mundo. Y engendró una instancia única de regulación: el mercado mundial, la dichosa mano invisible. Los Estados perdieron su soberanía y la pirámide de los mártires ha crecido. Si los neoliberales tuvieran razón, la liberalización y la privatización habrían debido reabsorber el hambre. Ahora bien, se produjo justamente lo contrario. La pirámide de mártires no deja de crecer. La muerte colectiva debida al hambre se vuelve cada día más terrorífica.
Pero a pesar de su título —Destruction massive— mi libro es un libro de esperanza.
No hay impotencia en democracia. Existen medidas concretas que nosotros, ciudadanas y ciudadanos de los Estados democráticos de Europa, podríamos imponer de inmediato: prohibir la especulación en la bolsa de los productos alimentarios, hacer que se detenga el robo de tierras cultivables por las sociedades multinacionales, impedir el dumping agrícola, conseguir la anulación de la deuda externa de los países más pobres para que puedan invertir en la agricultura para la alimentación local, terminar con los agrocarburantes… Se puede obtener todo eso si nuestros pueblos se movilizan.
Escribí Destruction massive. Géopolitique de la faim para fortalecer la conciencia de los ciudadanos. Y lo repito, mientras discutimos, cada cinco segundos muere de hambre un niño menor de diez años. Las fosas están allí. Y los responsables son identificables.
Además, tuvieron lugar enormes insurrecciones de campesinos —totalmente ignoradas por la prensa de Occidente— en numerosos países del Sur: en Filipinas, en Indonesia, en Honduras, en el norte de Brasil. Los campesinos invaden las tierras robadas por las sociedades multinacionales, luchan, mueren, pero también a veces salen victoriosos. George Bernanos escribió: «Dios no tiene otras manos que las nuestras».
El orden caníbal del mundo se puede destruir y se puede asegurar la felicidad material para todos. Tengo confianza: en Europa, la insurrección de las conciencias está próxima.
4.- Desde hace años, en particular como vicepresidente del Comité Consultivo del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, usted actúa con el fin de que se adopte un pacto u otro instrumento legal internacional que garantice los derechos de los campesinos a escala planetaria. ¿Hasta dónde se ha llegado, actualmente?
El proyecto de una convención internacional que proteja los derechos de los campesinos (derecho a la tierra, derecho a las semillas, derecho al agua, etc.) se someterá en junio a la Comisión de los Derechos Humanos. La convención materializaría el principio de la obligación extraterritorial de los Estados. En concreto: se podría considerar al Estado francés responsable de las violaciones de los derechos de los campesinos cameruneses o de Benín por las sociedades Vincent Bolloré o Vilgrain.
La batalla es incierta.
5.- ¿Qué utilidad pueden tener los análisis y las acciones del CADTM en el combate por el derecho a la alimentación, y más allá en un cambio radical en materia de derechos humanos?
El oscurantismo neoliberal envenena a la mayor parte de los gobiernos y a una gran parte de la opinión pública. Los análisis y los combates del CADTM son esenciales. Jean-Paul Sartre escribió: «Conocer al enemigo, combatir al enemigo». Esta doble exigencia está magníficamente asumida por el CADTM.
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viernes, 21 de octubre de 2011
Tiempos de sueños y desilusión
En esta época de desilusión, de moral doble y manoseada, de competencia masiva, de consumismo de objetos sin objeto, de intranscendencia intelectual generalizada, aquellos valores que deberían dar sentido a nuestra vida, aquellos por los que lucharon tantas generaciones de hombres a contracorriente de guerras, opresiones, ideologías absolutistas, desprecio por lo diferente y por las opiniones que no compartimos; aquellos nobles valores que deberían ser el sustento emocional y espiritual de cualquier ciudadano de mundo, siguen siendo pisoteados desde muchos frentes, abriendo profundas heridas a este mundo castigado por el dolor y la impunidad. Hoy en día Colombia, Afganistán, Somalia, Irak, México, Sudán, Siria, Arabia Saudí, Libia y tantos otros lugares alentados, instigados o motivados por fuerzas externas - o a veces sin ellas, pues la bestialidad parece estar democráticamente repartida en los instintos más bajos de cada ser humano -; como decía, hoy en día la destrucción más salvaje aplasta los corazones, los recuerdos y el amanecer de muchas vidas. ¿Cómo no dejarse arrastrar por tanta insensatez, por tanta felicidad con fecha de caducidad (la del producto a la que está asociada) e insensible a la desgracia ajena? ¿Cómo podemos ser independientes, libres? ¿Cómo conservar nuestra opinión atacada por tantos intereses e intransigencias de guante blanco? ¿Cómo eludir el adoctrinamiento de las naciones, religiones y mercados? ¿Cómo proteger nuestras intenciones, nuestras ideas, el sentido que queremos dar a nuestras vidas? ¿Cómo preservar, en definitiva, nuestras vidas de los intereses que tantas veces nos desprotegen, nos maltratan, nos aniquilan? En esta época de desilusión, en la que las guerras, los mercados financieros y los deportes de masas acaparan los telediarios, debemos defender nuestros pensamientos. En ellos está el maltrecho brote de libertad que existe en el mundo. Reguémoslo con nuestros sueños. Hagamos que sus raíces lleguen a todos los rincones.
Como dijo Sebastian Castellio: “Matar a un hombre no es defender una doctrina sino matar a un hombre”. Humillarlo, explotarlo o arruinarlo también son otras formas de muerte.
Como dijo Sebastian Castellio: “Matar a un hombre no es defender una doctrina sino matar a un hombre”. Humillarlo, explotarlo o arruinarlo también son otras formas de muerte.
¡Soñemos!
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martes, 11 de octubre de 2011
La corriente del pensamiento único...
Los humanos podemos transformar nuestro contexto con bastante facilidad. Sólo tenemos que ver nuestras ciudades. Esta capacidad de cambio, sin embargo, va más allá del mero aspecto físico del medio. En realidad, nuestra capacidad de transformación es tan profunda, que afecta directamente a la percepción que tenemos incluso de lo inmaterial. De hecho, a menudo alteramos el curso de la historia, de la vida, sin una base razonable, cegados por la percepción opaca del momento. Hoy en día podemos llegar a pensar que con la cantidad de información de que disponemos gozamos de una percepción mucho más atinada. Nada de eso. La cantidad de información y desinformación es tan abundante, que el ciudadano de a pié, al no saber qué hacer con ella, simplifica y acoge, casi sin autocrítica, aquella que encaja vagamente con su ideario político, religioso o cultural. En esto contexto, el concepto de pensamiento único aspira a cerrar cualquier posibilidad de discurso y, por lo tanto, a legitimar la transformación capitalista como la única verdadera y objetiva, descalificando el resto de percepciones, tachándolas de obsoletas.
Nuestra capacidad de cambio ideológico, como masa, como especie, es casi absoluta. Como individuos la cosa cambia y es casi nula. No sabemos nadar contracorriente. Tampoco nos dejan. Sin embargo, hay excepciones; siempre las ha habido. Como dijo una de las más grandes (a la que la corriente terminó por llevarse): I have a dream...
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jueves, 6 de octubre de 2011
¿Qué es un broker?
El agente de bolsa es un homínido en peligro de extinción. Conocido comúnmente como bróker, vive en el bajo intestino de los mercados de valores (organismos con alto grado de sobrepeso) y su hiperactividad causa dos tipos de enfermedades parasitarias: la especulación en estado puro y la recesión económica del resto de los homínidos. En su forma más evolucionada, el broker no sabe lo es el descanso y sus vitalidad está directamente ligada al índice de sus ganancias. Sólo un cataclismo puede sacarle de su hipnosis especulativa. Para subsistir, necesita engullir valores hasta casi reventar; curiosamente, ni siquiera así se siente saciado y su apetito siempre sigue intacto. Debido a su frenética capacidad acumulativa, tienden a generar enormes burbujas, aún a costar de gangrenar los bajos intestinos en los que tan gratamente ejercen sus funciones, hinchándolos con beneficios imaginarios. Se caracterizan, así mismo, por su incapacidad de aceptar o prever la gravedad de sus acciones y por su obsesión compulsiva por el dinero. No siendo una especie muy numerosa, son sumamente dañinos con el entorno. No se conoce forma humana de domesticarlos. Cualquier técnica basada en el sentido común está abocada al fracaso. Cuando llevados por exaltación extrema de la ganancia, dan muerte a su querido bajo intestino del mercado de valores, se produce el cataclismo anteriormente mencionado. El shock es tan grande que muchos se preguntan: ¿por qué lo he hecho?
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lunes, 3 de octubre de 2011
El progreso sin alma
La lucha contra el mal en la que se debate el ser humano parece no tener fin. Tras el apogeo de conflictos, tensiones y destrucción de que hizo gala el siglo XX, en lugar de progresar de forma simétrica, respetando la pluralidad de intereses, el olvido, la indiferencia y el desconocimiento permiten que la historia se repita sin que haya siquiera resistencia. Total: tenemos cosas más importantes en las que pensar. Sin embargo, hay factores externos, más o menos abstractos, que nos condicionan profundamente. La realidad va mucho más allá de nuestro ámbito diario y transciende fronteras. Así, mientras rechazamos la inmigración “pobre”, no tenemos ningún problema en aceptar que nuestras empresas desembarquen en los países de origen de estos individuos, sin preocuparnos demasiado en cómo lo hacen. Tenemos que entender que nuestro día a día está repleto de hilos que nos conectan con las fábricas de China, con talleres de Marruecos, con el software de EEUU., el petróleo de Oriente Medio, etc... De alguna manera, llevamos una vida de apariencia global. Esto forma parte del progreso, nos dicen. Pero ¿qué es el progreso? ¿Sólo se trata de un acceso ininterrumpido a lo material? Entiendo que no. El verdadero progreso comienza en nuestro interior, en la superación de la razón sobre la fuerza, de la generosidad frente a la codicia.
Pero esto poco tiene que ver con el progreso superficial que disfrutamos. El Monopoly financiero ahora está jugando con las materias primas. ¿Adónde nos está llevando esto? Y que el consumismo no nos oculte su propio fracaso. En este todos contra todos, la cosas que dan sentido a la vida quedan en segundo plano. La impunidad financiera, los paraísos fiscales, la venta de armas, las dictaduras mantenidas, el expolio ecológico, etc… están ahí. Todo el mundo lo sabe. ¿Por qué seguimos entonces mirando para otro lado? Nuestra realidad también forma parte de esto. Si hay algo positivo de cualquier crisis es que, durante un tiempo, la realidad se presenta más diáfana, más concreta, más directa, sin las interferencias de la sobrealimentación política y mediática en la que estamos atrapados; sin el consumismo en la que volcamos buena parte de nuestros anhelos, flotando sin dirección. Durante ese tiempo de clarividencia comprendemos que una sociedad sin imaginación, está muerta; en una sociedad sin ideas, sin emociones verdaderas, el poder disfruta de un alto nivel de impunidad. Porque ¿cuántos banqueros han sido castigados por arruinar la vida de tantos millones? Para el ciudadano de pie – o sea, para la víctima en potencia - los mercados parecen dioses inalcanzables, situados sobre las naciones, sin un ápice de solidaridad. Y como Dioses, son temidos. Sabemos que, de ser algo, son crueles. Muchos nos quieren hacer creer que representan la libertad. ¿De qué tipo de libertad están hablando? ¿El de la codicia? Como dije antes, la libertad es una clase de belleza muy especial, de creación positiva, en un contexto adecuado para la búsqueda interior. La libertad de enriquecerse es la esclavitud de empobrecer al otro, y la libertad, para llamarse tal, no puede entrar en semejantes contradicciones. Debe de ser plena. Pero en los tiempos que corren, nos han transformado en eternos espectadores y casi nunca buscamos en nuestro interior. ¿Para qué si las estanterías de los Centros Comerciales están repletas? ¿Para qué si hay más de 100 canales de televisión? No quieren escuchar nuestras voces. Ni siquiera nosotros las escuchamos. La lucha contra el mal empieza precisamente con nuestra independencia: de opinión; de acción, de pensamiento. La independencia es libertad. La libertad es una forma de belleza. La belleza no tiene nada que ver con los excesos, la codicia y la indiferencia. Nada.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
Eduardo Galeano - El sistema
El sistema que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.
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Óscar
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martes, 30 de agosto de 2011
Baraka
TÍTULO ORIGINAL: Baraka
AÑO: 1992
DURACIÓN: 100 min.
| PAÍS: EEUU |
GUIÓN: Ron Fricke, Genevieve Nicholas, Mark Magidsen, Bob Green
PRODUCTORA: Magidson Films
Baraka: bendición divina. Palabra de origen árabe que en francés y español se emplea para referirse a “la suerte providencial” y, en general, cuando alguien supera favorablemente una situación muy peligrosa. Tener baraka. ¿Tendrá la tierra baraka? ¿Y la naturaleza? ¿Y el ser humano? Está por ver. De la mano de unas imágenes de una grandeza intangible, Ron Fricke nos traslada a otros pueblos, nos sumerge en las vibraciones de paisajes lejanos, de culturas y tradiciones que nos pueden resultar extrañas pero que palpitan la misma vida que circula por nuestras venas.
Imágenes que reflejan la interacción del hombre y el mundo que le rodea o, según se mire, al que el mismo hombre rodea. La guerra, la pobreza, la mecanización, la destrucción del medio ambiente. Forman parte de nosotros. Noventa minutos de imágenes sin narrador que pondrán de manifiesto la belleza de la que formamos parte, la fragilidad que nos envuelve y el poder que muchas veces no sabemos controlar. Un poema único, profundo y transcendental, enmarcado en música y planos del firmamento.
El ser humano en armonía con su medio o menospreciándolo. La apoteosis de la naturaleza o nuestro empeño en la devastación. Una mirada cercana a la vida; todo y nada: Baraka.
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