Muy pocas veces tenemos la opotunidad de ver juntas tres personalidades de este calibre...
martes, 20 de marzo de 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
Reporteros "de guerra": la verdad incómoda
Por Robert Fisk:
Se necesitó mucho valor para entrar en Homs; Sky News, luego la BBC, luego unos cuantos hombres y mujeres valientes que fueron a contar al mundo las angustias de la ciudad, mismas que, al menos en dos casos, ellos sufrieron en carne propia. Sin embargo, apenas esta semana pude reflexionar en lo bien que llegamos a conocer el nombre del indomable fotógrafo británico herido, Paulo Conroy, y en cambio qué poco sabemos de los 13 voluntarios sirios que al parecer fueron abatidos por francotiradores y proyectiles cuando iban a rescatarlo. No es culpa de Conroy, por supuesto. Pero me pregunto si conocíamos los nombres de esos mártires, o si siquiera intentamos descubrirlos.
Hay un tinte ligeramente colonialista en todo esto. Nos hemos acostumbrado tanto al desenfadado heroísmo de la versión cinematográfica de los corresponsales
de guerra, que de algún modo se han vuelto más importantes que las personas de las que informan. Se supone que Hemingway liberó a París –o por lo menos el bar de Harry–, pero, ¿habrá un solo lector que recuerde el nombre de un francés que haya muerto liberando a París? Recuerdo a mi intrépido colega de la televisión Terry Lloyd, muerto por los estadunidenses en Irak en 2003, pero, ¿quién puede nombrar a uno del cuarto de millón de iraquíes muertos a consecuencia de la invasión (aparte de Saddam Hussein, claro)? El corresponsal de Al Jazeera en Bagdad fue abatido por un ataque estadunidense a la capital iraquí ese mismo año. Pero, levante la mano el que recuerde su nombre. Respuesta: Tareq Ayoub. Era palestino; yo estuve con él el día anterior.
La chamarra antibalas se ha vuelto el símbolo de casi todo reportero de televisión en una guerra. No tengo nada contra esas chamarras; en Bosnia usé una. Pero cada vez me incomodan más esos reporteros en sus trajes espaciales azules, parados en medio de las víctimas de la guerra a las que entrevistan y que no gozan de tal protección. Sé que las aseguradoras insisten en que los corresponsales y técnicos lleven esos atuendos, pero en las calles se da una impresión distinta: que de alguna manera las vidas de los reporteros de Occidente son más preciosas, más meritorias, tienen más valor intrínseco que las de los civiles
extranjerosque sufren a su alrededor. Hace años, durante una batalla en Beirut, un periodista de televisión que llevaba uno de esos envoltorios de acero de 60 kilos me pidió que me pusiera uno mientras me entrevistaba. Me negué, así que no hubo entrevista.
Un fenómeno igualmente incómodo apareció hace 15 años. ¿Cómo
soportanlos reporteros la guerra? ¿Deben recibir
consejoprofesional por sus terribles experiencias? ¿Deben buscar un
cierre? La Press Gazette me pidió un comentario; decliné la petición. El artículo que publicaron volvía una y otra vez sobre los traumas que sufren los periodistas, y luego daba a entender que los que desechan la
ayudasicológica son alcohólicos. O perorata sicológica o botella de ginebra, no había de otra. La terrible verdad, desde luego, es que los periodistas pueden volar a casa si las cosas se ponen rudas, en primera clase, con un vaso de vino espumoso en la mano. La pobre gente sin chaleco que dejan detrás –con pasaporte de parias, sin visas extranjeras, tratando desesperadamente de evitar que el baño de sangre salpique a sus vulnerables familias– es la que necesita
ayuda.
El romanticismo asociado a los reporteros
de guerraquedó en evidencia en el preludio a la guerra del Golfo, en 1991. Toda suerte de periodistas extranjeros llegaron a Arabia Saudita con arreos militares. Un estadunidense hasta llevaba botas camufladas con hojas pintadas, aunque basta una ojeada al desierto para darse cuenta de la ausencia de árboles. Extrañamente, descubrí que en la soledad del desierto real muchos soldados de verdad, en especial infantes de marina estadunidenses, escribían diarios de sus experiencias y hasta me los ofrecían para publicarlos. Los reporteros, al parecer, querían ser soldados, y los soldados querían querían ser reporteros.
Esta curiosa simbiosis queda de manifiesto cuando los reporteros
de guerrahablan de su
experiencia de combate. Hace tres años, en una universidad estadunidense, tuve el placer de escuchar a tres veteranos de la guerra en Irak y Afganistán imprecar a un periodista que usó esa frase espantosa. “Disculpe, señor –le dijo uno con cortesía–, usted no ha tenido ‘experiencia de combate’; usted tuvo ‘exposición al combate’. No es lo mismo.” El veterano entendía el poder del desdén sereno: no tenía piernas.
Todos hemos sido víctimas de esos reporteros que claman
Observé con horror/
Proyectiles que pasaban chirriando/
Me detuvo el fuego de proyectiles-ametralladoras-francotiradores. Sospecho que recurrí a eso allá en Irlanda del Norte, a principios de los años 70. Sin duda lo hice en el sur de Líbano a finales de esa década. Me da vergüenza.
Si bien
damos testimonio personalde la guerra –frase que también me causa incomodidad–, esa especie de Diario del Muchacho Valiente es un signo de fanfarronería. James Cameron lo captó bien en la guerra de Corea. Cuando iba a desembarcar con las tropas estadunidenses en Inchon, notó “en medio de todo, si tal cosa es concebible, un bote vagabundo marcado con grandes letras, ‘PRENSA’, lleno de corresponsales agitados y belicosos, que intentábamos pasar por muy resueltos al descender en la Ola Uno, mientras tratábamos desesperadamente de discurrir algún método honorable de escurrirnos a la Ola 50”.
Y quién puede olvidar las palabras de la periodista israelí Amira Haas, reportera de Haaretz en Cisjordania ocupada, a quien cito a menudo. Ella me dijo en Jerusalén que el trabajo del corresponsal extranjero no es ser
el primer testigo de la historia(mi propia deplorable definición), sino
vigilar a los centros de poder, en especial cuando van a la guerra, y sobre todo si intentan hacerlo con base en un montón de mentiras.
Sí, todo el honor a quienes reportaron desde Homs. Pero aquí va una idea: cuando los israelíes desencadenaron su cruel bombardeo de Gaza, en 2008, prohibieron a todos los reporteros entrar en el teatro de guerra, tal como los sirios intentaron hacer en Homs. Y los israelíes tuvieron mucho más éxito en evitar que nosotros los occidentales viéramos el baño de sangre.
Las fuerzas de Hamas y el
Ejército Sirio Libreen Homs tienen mucho en común: los dos eran cada vez más islamitas, los dos se enfrentaron a un poder de fuego superior, los dos perdieron la batalla, pero fueron los reporteros palestinos quienes quedaron para cubrir el sufrimiento de su pueblo. Hicieron un trabajo espléndido. Curioso, sin embargo, que las salas de prensa en Londres y Washington no mostraron el mismo entusiasmo para meter a su gente en Gaza que en Homs. Es sólo una idea. Muy triste, por cierto.
Traducción de Jorge Anaya para la La Jornada
jueves, 15 de marzo de 2012
La obra casi inacabable de Erik Satie
Erik Satie compuso Vejaciones en 1893. Se trata una obra breve - de apenas un minuto y medio - y tremendamente enigmática en su planteamiento: según su autor, debía de ser tocada 840 veces seguidas. Para este fin, Satie dio una serie de consejos: “Prepararse de antemano, en el más absoluto silencio, en la inmovilidad más grave. “ Se trataba de una suerte de viaje interior, una caída en las profundidades, un oscuro ritual artístico que rompía toda lógica.
Satie nunca publicó Vejaciones. Esta obra y su concepto no eran de su tiempo. Quizá, en realidad, no lo sean de ninguno. Este tipo de extravagancias no tienen por qué serlo. O sí. Durante el siglo XX, sin embargo, el arte - al igual que el hombre – rompió con el pasado. La fiebre de la búsqueda permanente, del ansia por el cambio, e incluso, de la caída en los extremismos, impulsaron toda suerte de tendencias.
Sólo entonces, Vejaciones encontró su lugar.
Fue ejecutada completa, y por primera vez, - esto es, repitiéndose 840 veces - en un maratón pianístico por John Cage, David Tudor, Christian Wolff, Philip Corner, Viola Farber, Robert Wood, MacRae Cook, John Cale, David Del Tredici, James Tenney y Howard Klein. Corría el año 1963. El precio de la entrada era de 5 dólares. La organización decidió reembolsar un centavo de dólar a cada espectador por cada veinte minutos de permanencia. De esta manera "la gente va a entender que cuánto más arte se consume, menos debe de costar".
La obra duró 18 horas. 18 horas escuchando la misma melodía; aunque, en realidad, nunca era exactamente la misma. La obra respiraría durante ese tiempo a través de los pianistas, sufriendo innumerables y sutiles variaciones, transformándose de forma casi imperceptible.
Un viaje, en definitiva, a las sutilidades del alma.
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martes, 13 de marzo de 2012
Entrevista a Borges de Soler Serrano
Entrevista memorable de Soler Serrano a Borges. Una inmersión en una de las mentes más fascinantes del los últimos tiempos. Soler Serrano penetra en el genio con pulso firme. Todo un ejemplo de entrevista.
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viernes, 9 de marzo de 2012
Privatizarlo todo
En todo el mundo occidental hay una enorme presión para “privatizar” todo. ¿De dónde proviene esa presión? ¿Por cuenta de quién? ¿Qué significa? ¿Cuál es la conexión de las exigencias de “privatización” en Grecia, como parte de un “paquete de austeridad” iniciado por el Fondo Monetario Internacional con la “privatización” de las prisiones en Florida y otros Estados de EE.UU.? ¿Existe alguna?
Comencemos por este pensamiento: a medida que se han desarrollado las culturas humanas, ha habido un acuerdo general de que algunos recursos del planeta, como el agua y el aire, son de todos. La democratización ha ampliado esos derechos para que incluyan el acceso a la belleza natural y a los océanos.
En las diversas formas de democracia, incluyendo hasta el comunismo y el socialismo, ha llegado la aceptación de que los asuntos de interés común, no importa cómo se enfoquen o se regulen, están integrados en el sistema político. Es un bien fundamental, ya que sin él no hay modo de que el pueblo ejerza algún poder real sobre su entorno político.
Si alguien aprueba, por ello, la democracia, también tiene que aceptarla con una conexión inviolable entre, por ejemplo, la construcción de carreteras y la política. De otra manera, si las carreteras se construyeran de modo privado, nadie podría transitar por ellas sin pagar aranceles exorbitantes. Los agricultores no podrían llevar sus cosechas al mercado. La gente no podría viajar o visitarse. Etcétera.
Es peligroso romper la conexión entre el público y la administración y el control de los recursos públicos y de las operaciones consideradas de bien común. Es difícil decir hasta qué punto es peligroso.
El tema de la privatización es posiblemente el tema público más importante que enfrentamos en EE.UU. y también está causando una terrible desarticulación y un caos político en Europa. No lo veréis en las noticias. Como en muchas cosas en la actualidad en EE.UU., es una historia que tendréis que reconstruir por vuestra propia cuenta.
Corrections Corporation of America, la mayor compañía que gestiona las prisiones privadas, ha escrito a 48 Estados ofreciendo hacerse cargo de la dirección de prisiones, siempre que los Estados garanticen una ocupación del 90%.
La corrupción sistémica que sugiere es sobrecogedora.
El cuidado de los reclusos ciertamente es una responsabilidad de las instituciones federales en los sistemas carcelarios de los Estados y en el conjunto del país. La forma de tratar a los reclusos, garantizar su alimentación y vestido, su ocio, sus actividades y su salud, es un asunto de la administración pública. El Estado arresta, procesa y dicta las penas; se condena a los reclusos a penas de prisión. La duración de las condenas con frecuencia está muy influenciada por la conducta del preso.
Debiera ser obvio que las condiciones de la prisión dependen de la política; la política aprueba las leyes y gestiona el sistema judicial. Cómo se administran las prisiones es una responsabilidad pública y depende de las leyes.
Las prisiones no se hicieron como empresas con fines de lucro, ni deben serlo. Tienen funciones que cumplir. No quiere decir que el tema de los presupuestos carezca de importancia, solo que no puede ser el único criterio de una gestión adecuada.
De otra manera los reclusos no recibirían ninguna atención. El arroz es barato; la carne rancia es realmente barata. No tendría sentido pensar en la rehabilitación, que puede ser costosa. A nadie le interesa lo que pasa cuando salen en libertad. Los gulag producen beneficios que incluso impresionarían a Wall Street.
Se supone que el gobierno no es una empresa con fines de lucro. Pero cualquier función gubernamental, una vez que se privatiza, se convierte exactamente en eso. ¿Hay quien se pregunta qué pasaría con el mantenimiento del orden y el sistema judicial una vez que el Estado acepte mantener las prisiones a un 90% de su capacidad?
¿Cómo funcionarán los parques nacionales cuando los privaticemos, como propugnan algunos políticos idiotas? ¿Cómo serán las costas de la nación? Hace años los votantes de California aprobaron la Iniciativa Costera que las protege y asegura el acceso público; si, y cuando se rompe esa promesa, ¿cuánto se tardará antes que solo los ricos puedan gozar de las playas?
Algo menos serio: ¿y si privatizáramos las fuerzas armadas? Lo están haciendo, ya sabéis. Cuando Obama anunció la “retirada” de tropas estadounidenses de Irak que había prometido hace solo tres años, no se tomó la molestia de mencionar que dejaba tras ellas unos 50.000 soldados privados, un ejército privado que sirve las necesidades de los mafiosos corporativos que piensan en cómo saquear lo que queda.
Xe, ex Blackwater, es un ejército privado que el gobierno contrata para ciertas tareas, frecuentemente no especificadas, porque considera que el ejército regular no puede realizarlas. Sus soldados cobran mucho más que los soldados normales y su tasa de bajas es muy superior. Xe trabaja para EE.UU., Halliburton, Bechtel o cualquiera que le contrate. Sus mercenarios están, como descubrimos cuando asesinaron a civiles iraquíes por puro deporte, eximidos de la ley estadounidense y del control del gobierno de EE.UU. que los contrata.
Cuando los ejércitos privados pueden operar fuera del control político de un país no existe democracia, ni siquiera en la forma. Todos sabemos lo que es, ¿verdad?
La privatización del agua ha dado la posibilidad a grandes corporaciones de que destruyan amplias áreas agrícolas en India y otros sitios, causando suicidios de decenas de miles de agricultores que han perdido sus tierras. La privatización de los servicios públicos, de las propiedades públicas, de las responsabilidades públicas, es un pasaje directo al infierno.
Las protestas en Grecia tienen que ver con la privatización. Es la agenda del Fondo Monetario Internacional, el consorcio de banqueros que dirige gran parte del mundo y quiere más. Mediante el mecanismo de la deuda los banqueros pueden extorsionar con todas las medidas de “austeridad” que quieran. Estas implican reducción de los salarios de empleados públicos, reducción de los servicios sociales a los pobres y privatización de los bienes públicos.
Si pensáis que no vamos orientados en esa dirección en EE.UU. estáis soñando. De eso tratan las discusiones presupuestarias actuales y las charlas sobre la “deuda” de EE.UU. ¿A quién debemos esa deuda?
Evidentemente a los banqueros, a los mismos cuyo saqueo del Tesoro causó esta crisis para comenzar.
¿Lindo, verdad?
Después de haberse apoderado de todo lo demás, ahora quieren lo que queda, y lo que queda son los tesoros de una nación, la riqueza de propiedad común de su pueblo.
Simplemente no podemos permitir que la consigan.
Richard Raznikov
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jueves, 8 de marzo de 2012
Little people
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miércoles, 7 de marzo de 2012
Determinismo o incertidumbre
Einstein era determinista. Todo está predeterminado. El ser humano - y por extensión, los animales, los planetas, el mismo universo - vive bajo la influencia de unas fuerzas que no controla y de las que, en muchos casos, ni siquiera tiene conocimiento. Dentro de este contexto, el concepto del libre albedrío - de libertad - es una ilusión que creemos verdadera. Schopenhauer decía “un hombre puede hacer lo que desee pero no puede desear lo que quiera”. En la limitación de crear nuestros deseos se puede ver el determinismo de la frase.
Muchos dioses también han creado el mundo de sus fieles - por decirlo de alguna manera - desde una perspectiva determinista. Se trata en este caso de los dioses omniscientes: todo lo saben, incluso nuestro futuro; todo está escrito, sólo nos queda ejecutar sus instrucciones. El futuro, por lo tanto, no nos pertenece. El futuro, y junto a éste, el destino, no es más que una ilusión sin contenido realmente personal.
La filosofía ha abordado este tema en infinidad de ocasiones, pero estas ideas, tan genialmente planteadas en ocasiones, no dejan de ser imágenes del intelecto y, por lo tanto, y nos gusten o no, cuentan con una excesiva subjetividad. Cicerón ya lo dijo: "No hay nada tan absurdo que no haya sido dicho por los filósofos."
A lo largo del siglo XX, tras innumerables pruebas de laboratorio, el mundo científico encontró la posible solución a este problema. Ojo, dicha teoría también descansa sobre una oscura base filosófica. En cualquier caso, para la física cuántica no existen las certezas absolutas. Sólo hay probabilidades. Bajo dicha influencia, el hombre puede escoger su destino ya que la realidad se desarrolla constantemente, construyéndose a cada paso. Dicho de otro modo: No es que podamos elegir; es que no tenemos más remedio que ir haciéndolo, todo el tiempo. Hay una frase de Sartre en esta línea: "el hombre está condenado a elegir, por lo que cada uno es responsable moral por sus actos."
Sea como fuere, el universo cuántico es escurridizo. Feynman señaló en una ocasión: "Creo que puedo decir con toda seguridad que nadie comprende la mecánica cuántica." A lo que añadió: "la mecánica cuántica describe la naturaleza como absurda desde el punto de vista del sentido común. Por tanto, confío en que podamos aceptar la naturaleza tal como es: absurda"
Sea o no sea absurda nuestra existencia, Einstein estaba convencido de que Dios no juega a los dados. Terry Pratchett escribió con ironía: " Dios no juega a los dados con el universo. Juega a un juego inefable, de Su propia invención, que podría ser comparado, desde la perspectiva de los demás jugadores - es decir, de todo el mundo -, con una oscura y compleja variante del poker, desarrollada en una habitación sin luz, con las cartas en blanco, en la que las apuestas son infinitas y el croupier, que sonríe todo el tiempo, no te quiere explicar las reglas. Stephen Hawking añadiría años después: "Dios no solo juega a los dados, sino que a veces los lanza donde no podemos verlos..."
Obviamente, la respuesta a nuestras dudas nos queda grande. Muchos han tratado de acapararla, pero, desde un punto de vista simple y objetivo, nadie lo ha conseguido. Sigue siendo casi - o sin casi - tan inalcanzable como hace 1000 años o como hace 10000. Tener una IPhone, haber pisado la Luna o ser capaces de autodestruirnos, no nos acerca más ella. El enigma que representa no es más que una parte del enigma que representa la vida misma.
Por finalizar, en Macbeth, de Shakespeare, se puede leer: en un minuto hay muchos días. A lo que yo añado: tras cada misterio que esconde la realidad hay muchas ideas, y como mucho una puede ser cierta.
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