Los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la larga enfermedad de su madre marcarían profundamente a Lucien Clergue. Fiel reflejo de su desolación, sus primeras fotografías girarán en torno a la idea de la perdida, la decadencia y la muerte. Sus heridas abiertas del pasado volcadas en las heridas ajenas del presente. La sangre y el dolor que fueron mezclados en la sangre y el dolor que son. Con semejantes antecedentes, no debe extrañarnos que rondase fascinado el ritual de sangre, valor y muerte de las plazas de toros. El ruedo como metáfora festiva de la lucha que la vida libra con la vida: hombres contra animales; sangre roja en ambas partes; muerte, siempre muerte. Poco a poco, sin embargo, irá explorando nuevos caminos; por ejemplo: sus famosos desnudos femeninos, anónimos, mimetizados con un entorno al que dan vida; o, según se mire, entornos que dan un poco de muerte a esos cuerpos vivos sin rostro, sin voz, llenos de silencio. Cuerpos vivos un poco muertos. Parajes muertos un poco vivos. Torsos, pechos y vientres exuberantes. La vida fundiéndose con la naturaleza. La mujer como enigma, como esperanza.
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miércoles, 4 de enero de 2012
miércoles, 28 de diciembre de 2011
La pasión de Camille Claudel
De niña no jugaba con juguetes; jugaba con barro. Sus manos infantiles esculpieron a quien se prestaba a ello. Ya mujer, fue musa de Rodin. También fue su amante. No más. Rodin estaba fuertemente unido a otra mujer. Una de las obras más importantes de Camille reflejará dicha situación: L'Âge Mûr.
En esta escultura Camille, arrodillada e implorante, dirige sus manos hacia Rodin, que le da la espalda mientras una mujer mitad ángel mitad bruja (que representa a Rose Beuret) se lo lleva. Rota de desamor cae en brazos del compositor Claude Debussy, también unido a otra mujer. En ese momento sus obras empiezan a tener cierto éxito, pero Camille está definitivamente rota de desamor y se derrumba.
Su taller será su refugio. Sola, profundamente sola, verá como su madre y su hermana tratán ingresarla en un psiquiátrico. Su padre lo impide una y otra vez hasta que éste muere en 1913. El 10 de marzo de aquel mismo año, con el cuerpo aún caliente del padre en la tumba, internan a Camille en un sanatorio, del que, a pesar de su recuperación y sus lúcidos y desgarrados ruegos a su hermano Paul, nunca saldrá. Le quedaban todavía 30 años por delante. La familia prohibió que recibiera visitas. Salvo su hermano Paul, alguna que otra vez, nadie fue nunca a verla. Falleció en 1943. La sepultaron en una tumba sin nombre, con los números 1943 -n392, en el pequeño cementerio de la institución mental. Tras la muerte del hermano en 1955 se levantó el veto que existía en la familia acerca de Camille y los descendientes quisieron dar una tumba digna a Camille Claudel. Escribieron a Montdevergues solicitando la ubicación exacta de la tumba y la exhumación para su traslado. La institución les contestó que la tumba había desaparecido, ya que la institución había necesitado una serie de ampliaciones y se habían utilizado los terrenos del pequeño cementerio donde se enterraba a los pacientes olvidados por sus familias.
En palabras de Eduardo Galeano: "Casi medio siglo después de su muerte, sus obras renacieron y viajaron y asombraron: bronce que baila, mármol que llora, piedra que ama. En Tokio, los ciegos pidieron permiso para palpar las esculturas. Pudieron tocarlas. Dijeron que las esculturas respiraban."
sábado, 17 de septiembre de 2011
Las islas de Napoleón
En medio de la devastación del campo de batalla, esquivando los cuerpos tendidos de hombres sin presente, Napoleón paseará sus ambiciones bajo un tupido manto de indiferencia. Puede dominar el mundo, pero lo hará desde la distancia, despreciando a sus semejantes, a los pueblos, ajeno a la destrucción que lo acompaña. Podrá dominar el mundo, pero no a sí mismo: como a otros - antes y después -, lo dominan profundos delirios de grandeza. Se cree inmortal; o casi: "Matarme a mí es imposible: ¿acaso no he cumplido la voluntad del Destino? Me siento empujado hacia una meta que desconozco. Una vez alcanzada, bastará un átomo para batirme." En realidad, hicieron falta muchos átomos: los que componían la existencia de cientos de miles de seres humanos, de cientos de miles de presentes arrancados de raíz. Enemigo de la libertad, se propuso someterla allá donde fue. Se adoraba a si mismo y a sus victorias. No estaba hecho, sin embargo, para la desgracia. Tras la batalla de Wagram, cuando pasaba revista, intentó asesinarle un joven extranjero de dieciocho años y aspecto agradable. El prisionero parecía mantener una gran calma. Napoleón lo interrogó con gran respeto:
"¿Por qué querías asesinarme?" "Por qué no habrá jamás paz para Alemania mientras sigáis en el mundo." "¿Quién te inspiró este plan?" "El amor a mi país." "¿No lo concertaste con nadie?" "Ha sido fruto exclusivamente de mi conciencia." "¿No sabías a qué peligros te exponías?" "Lo sabía: pero me sentiría feliz de morir por mi país." "Tú que tienes principios religiosos, ¿crees que Dios permite el asesinato?" "Confío en que Dios me perdonará por las razones que me asisten." "¿Acaso, en las escuelas en que has estudiado, se enseña esa doctrina? "Un gran número de condiscípulos míos están animados por los mismos sentimientos y están dispuestos a sacrificar su vida por la salvación de la patria." "¿Qué harías si te pusiera en libertad?" "Os mataría."
Napoleón debió de presentir su caída, el ocaso de su fortuna, el perfil abstracto y casi indefinible de las islas que le esperaban. Minutos después, ya a solas con el duque de Cadore, abdicó: "Hay que hacer la paz."
Y la Paz se hizo... temporalmente,sí, pero las islas estaban cada vez más cerca...
(Diálogos extraídos de las "Memorias de ultratumba", de Chateaubriand. Ed. Acantilado).
martes, 26 de julio de 2011
Las cuevas de Lascaux
La oscuridad envuelve al visitante, la temperatura desciende, los sonidos del exterior desaparecen. Estamos dentro de una de las cuevas del valle de Vézére, en la Dordoña francesa. Una linterna ilumina nuestra marcha danzando sobre el suelo, sobre las paredes. Penetramos en una atmósfera remota, casi intacta, de más de 19000 años. Conmovidos por los comentarios de nuestra guía, tratamos de encontrar las pinturas en las paredes. En este inhóspito lugar vivieron otros hombres. Poco sabemos de su vida. ¿Qué ritos seguían? ¿Qué tipo de creencias desarrollaron? ¿Qué importancia otorgaban a sus tradiciones? Está claro, en cualquier caso, que ellos forman parte substancial de los cimientos de nuestra cultura.
Ahora, mientras penetramos en su cueva, y aunque un abismo de tiempo nos separe, los imaginamos aquí, buscando una pared en donde expresar con imágenes lo que todavía no eran capaces de hacer en lenguaje escrito. Pero ¿dónde estarán las pinturas? Todavía no las vemos. La linterna señala una pared, a nuestra espalda: tres maravillosos caballos. El sueño de un artista mil veces muerto renace en nuestra pupilas. La linterna se desliza por la pared, descubriendo nuevos tesoros de sofisticación y belleza: caballos, ciervos… La guía nos hace una pregunta: ¿Sabéis lo que dijo Picasso cuando salió de las cuevas después de la guerra? Intuimos la respuesta. Dijo: No hemos aprendido nada en miles de años. Es cierto, pensé. En realidad, los dibujos me recordaban a Picasso. El genio español y otros muchos siguieron, sin saberlo, rastros artísticos procedentes de una edad impenetrable. Un reencuentro. Uno de tantos.
Los dibujos se superponen, es la evolución del arte concentrada de centenares de generaciones sucesivas. No hay orden aparente. En ocasiones uno tiene la impresión de que el animal está saliendo de la misma cavidad. Llama la atención la ausencia de plantas y paisajes. El objetivo del artista, por lo tanto, no era representar toda la realidad sino sólo una parte, aquella que, por alguna razón, consideraba realmente importante. En este sentido, resulta llamativo que no haya representaciones de los astros. Sus Dioses no estaban en el cielo.
Los dibujos reflejan el alto nivel cultural de las sociedades que las llevaron a cabo, así como una economía lo suficientemente holgada para permitirse actividades “improductivas”.
La guía introduce el último misterio: los símbolos. A diferencia de las demás representaciones (personas y, sobre todo, animales) estos elementos son abstractos. Aunque desconocemos su significado, estamos frente al nacimiento de la escritura. Aquellos hombres querían hablar, sentir, soñar en las paredes del interior de las cuevas.
Nosotros también hablabamos, sentíamos y soñabamos al tratar de imaginarlos. El hombre soñando al hombre.
Pero, ¿por qué realizaron estas actividades en lugares tan profundos, en medio de la oscuridad? ¿Acaso sus dioses moraban las entrañas de la tierra?
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Óscar
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jueves, 21 de julio de 2011
El tapiz de Bayeux
El tapiz de Bayeux es un lienzo del siglo XI que relata mediante imágenes la conquista de Inglaterra por parte de los normandos. Considerado por muchos el primer cómic en latín de la historia, puede que sea la obra textil más importante de la Edad Media. Lo componen 58 escenas bordadas en lanas de ocho colores. Tiene una longitud de 70,4 metros. Su función era doble; por una parte, decorativa, adornando recintos sagrados en días significativos; por otra, comunicativa (o educativa), ya que sus imágenes permitían al pueblo, en su mayoría analfabeto, “ver” las historia.
Entre los acontecimientos representados, destacaré:
- Muerte del rey Eduardo el Confesor (enero 1066)
- Coronación de Harold
- Preparativos para la invasión por parte de Guillermo de Orange
- Desembarco en Pevensey (Wessex)
- La Batalla de Hastings
- La muerte de Harold
En esta obra se pueden ver:
- 626 humanos
- 55 perros
- 202 caballos
- 41 navíos
- 49 árboles
- 500 aves (incluidos dragones)
- el cometa Halley
Desde 1980 se encuentra en la ciudad de Bayeux. Ha sido presentado en 2007 para su inscripción en el Programa Unesco para la Memoria del Mundo.
Video animado del tapiz:
Publicado por
Óscar
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11:59
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