miércoles, 26 de octubre de 2011

EL SIGLO DEL YO

TÍTULO ORIGINAL: The War You Don't See
AÑO: 2002

DURACIÓN: 200 min.

PAÍS: Reino Unido
DIRECTOR: Adam Curtis
GUIÓN:  Adam Curtis


La serie gira en torno a la idea de cómo el poder ha utilizado las teorías de Freud para controlar a las masas. En realidad, se centra en Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, que recurre a las ideas de su tío para que las empresas pudiesen vender productos más allá de las necesidades del individuo. Para esto aplicó el siguiente razonamiento: "si la propaganda podía usarse para la guerra, también podría usarse para la paz". Saberdor de las negativas connotaciones del término “propaganda”, acuño un eufemismo al que llamaría "relaciones públicas".  Desde ese momento quiso ahondar en la "irracionalidad subyacente" al ser humano, con el objetivo de hacer dinero manipulando el inconsciente de la población. Su primer reto fue conseguir, a instancia de varias tabacaleras, que las mujeres fumasen, rompiendo así los tabúes de la época. Bernays enfocó la campaña como un reto al poder masculino. Al mismo tiempo, había notificado a la prensa que se preparaba una protesta en la que un grupo de mujeres pretendía encender sus "antorchas de la libertad".  La idea de que fumar hiciera más libre a la mujer era de todo irracional, él lo sabía, pero comprobó con asombro que podía hacerles sentir más independientes. Los objetos serían desde ese momento (y hasta la actualidad) poderosos símbolos sobre la forma en que querrías que otros te vieran. La adquisición de un producto no debería apelar a motivos racionales, sino a las emociones. Podrías sentirte mejor comprando esto o aquello. El consumismo había entrado en escena.

Adjunto el primer capítulo. El resto se puede ver en Youtube.









martes, 25 de octubre de 2011

Los sueños de Josef Sudek

Era encuadernador pero una bomba - durante la primera guerra mundial - le arrancaría un brazo y le pondría en el extremo del otro, en la mano, poco después, una cámara de fotos. Tullido, confuso, encontró el rastro secreto de su vocación: la imagen poética.  Enamorado de las luces y las sombras como pocos, jugaba durante horas con los contrastes sutiles de ambos mundos. Tras su aparatosa cámara, la paciencia era su mejor compañera. 


Junto a ellas lograba hacer milagros: capturar el tiempo en su instante más vulnerable, cuando casi estaba quieto y descansando de su devenir incesante. 

 
El resultado son imágenes que caminan de puntillas por una realidad que se funde, muchas veces, con los sueños. 



El propio Josef Sudek era un tanto irreal en aquella Praga nocturna, brumosa, paseando su cámara a cuestas, envuelto en un interminable abrigo negro y con una gorra a juego con la noche. Era un fantasma a la caza del tiempo, que se paseaba por la ciudad sin que nadie reparase en él, sin que nadie desvelase sus intenciones. 






Caminante de las calles, también fue caminante de su interior. Retrató los objetos más cercanos, lo insignificante buscándose a sí mismo. Los vasos, platos, sillas, floreros son extensiones emocionales de Josef Sudek.   




Un hombre, en definitiva, tímido, casi invisible, cuya obra produce en el espectador profundos interrogantes. Son los interrogantes que sentimos frente al tiempo que se nos escapa de las manos, que se desvanece tras la estela de nuestros recuerdos.     





lunes, 24 de octubre de 2011

La realidad de Ilia Repin

Nacido en Ucrania, nunca tuvo problemas de reconocimiento. Su arte era tan directo, tan evidente, que doblegaba todas las sensibilidades. Trató temas tan variados como la vida cotidiana de su pueblo, la mitología eslava, episodios históricos de gran relevancia o los retratos. Gracias a su desbordante realismo, sus obras son capaces de profundizar en los sentimientos, las contradicciones, el espíritu. 

En Los cosacos Zaporogos le escribe una carta al Sultán de Turquía, una de sus obras más complejas, rememora un hecho legendario: la respuesta de los cosacos ucranianos en 1676 a una carta del Sultán del imperio otomano, al que acababan de derrotar, en la que el Sultán insistía en que aceptasen su dominio. Los Cosacos, liderados por Ivan Sirko, escribieron una carta repleta de insultos y obscenidades. El cuadro muestra en ambiente festivo que reina entre los  cosacos tras leer el ultimátum del Sultan y empezar a escribir una respuesta repleta de vulgaridades. Como muchos rusos,  Repin admiraba profundamente a estos hombres: “Nadie en el mundo ha mostrado ese espíritu de libertad, igualdad y fraternidad”.




 El ultimátum del Sultán

Como Sultán, hijo de Mahoma; hermano del sol y de la luna; nieto y virrey de Dios, gobernante de los reinos de Macedonia, Babilonia, Jerusalen, Alto y Bajo Egipto, emperador de emperadores, soberano de soberanos, extraordinario caballero, nunca derrotado; firme guardián de la tumba de Jesucristo, delegado del poder divino, esperanza y confort de los musulmanes, cofundador y gran defensor de los cristianos,… Les ordeno, cosacos zaporogos, a someterse a mí voluntariamente sin resistencia alguna, y cesar de molestarme con vuestros ataques.

—Sultán de Turquía Mehmed IV

La respuesta de los cosacos

¡Cosacos zaporogos al Sultán turco! Oh sultán, demonio turco, y a los parientes y amigos del insoportable demonio, secretario de Lucifer. ¿Qué clase de caballero del demonio eres que no puedes matar un erizo con tu culo desnudo?. El demonio caga, y tu ejército come. No podrás, hijo de mala madre, hacer presa de los hijos cristianos; no tememos a tu ejército, te combatiremos por tierra y por mar, púdrete.
¡Despojo babilónico, loco macedónico, copero de Jerusalén, macho cabrío de Alejandría, porquero del alto y bajo Egipto, cerdo armenio, ladrón de Podolia, calamidad tártara, verdugo de Kamyanets, tonto de todo el mundo y el submundo, idiota ante Dios, nieto de la serpiente, calambre en nuestros penes, morro de cerdo, culo de yegua, perro de matadero, rostro del anticristianismo, fóllate a tu propia madre!
¡Por esto los zaporogos te declaran basura de bajo fondo, nunca podrás apacentar a los cerdos cristianos. Concluímos con ésto, y como no sabemos la fecha ni poseemos calendario, la luna en el cielo, el año del Señor, el mismo día es aquí que allí, así que bésanos el culo!

—Koshovyi Otaman, Ivan Sirko, y todos los Zapórogos



Entre los cuadros que pintó sobre el movimiento revolucionario ruso, destaca No lo esperaban; en ella se representa la sorpresa de una familia ante la llegada de un refugiado político.



Su obra Procesión de la Pascua en la provincia de Kursk representa el prototipo de estilo nacional ruso. En ella se pueden apreciar el contraste de clases sociales, las fricciones que surgen entre ellas, la desgarradora situación de los desheredados, bajo el marco religioso de una procesión que refuerza la violencia del hombre contra el hombre.



Otra obras del autor:










viernes, 21 de octubre de 2011

Tiempos de sueños y desilusión


En esta época de desilusión, de moral doble y manoseada, de competencia masiva, de consumismo de objetos sin objeto, de intranscendencia intelectual generalizada, aquellos valores que deberían dar sentido a nuestra vida, aquellos por los que lucharon tantas generaciones de hombres a contracorriente de guerras, opresiones, ideologías absolutistas, desprecio por lo diferente y por las opiniones que no compartimos; aquellos nobles valores que deberían ser el sustento emocional y espiritual de cualquier ciudadano de mundo, siguen siendo pisoteados desde muchos frentes, abriendo profundas heridas a este mundo castigado por el dolor y la impunidad. Hoy en día  Colombia, Afganistán, Somalia, Irak, México, Sudán, Siria, Arabia Saudí, Libia y tantos otros lugares alentados, instigados o motivados por fuerzas externas  - o a veces sin ellas, pues la bestialidad parece estar democráticamente repartida en los instintos más bajos de cada ser humano -; como decía, hoy en día la destrucción más salvaje aplasta los corazones, los recuerdos y el amanecer de muchas vidas. ¿Cómo no dejarse arrastrar por tanta insensatez, por tanta felicidad con fecha de caducidad (la del producto a la que está asociada) e insensible a la desgracia ajena? ¿Cómo podemos ser independientes, libres? ¿Cómo conservar nuestra opinión atacada por tantos intereses e intransigencias de guante blanco? ¿Cómo eludir el adoctrinamiento de las naciones, religiones y mercados?  ¿Cómo proteger nuestras intenciones, nuestras ideas, el sentido que queremos dar a nuestras vidas? ¿Cómo preservar, en definitiva, nuestras vidas de los intereses que tantas veces nos desprotegen, nos maltratan, nos aniquilan? En esta época de desilusión, en la que las guerras, los mercados financieros y los deportes de masas acaparan los telediarios, debemos defender nuestros pensamientos. En ellos está el maltrecho brote de libertad que existe en el mundo.  Reguémoslo con nuestros sueños.  Hagamos que sus raíces lleguen a todos los rincones.

Como dijo Sebastian Castellio: “Matar a un hombre no es defender una doctrina sino matar a un hombre”. Humillarlo, explotarlo o arruinarlo también son otras  formas de muerte. 




¡Soñemos!



jueves, 20 de octubre de 2011

David Helfgott: genialidad y locura


Fue un niño prodigio con un padre aterrador. Canalizó su desbordante energía mental en el piano, con el mantendría una lucha encarnizada. El tercer Concierto de Rachmaninov, una obra de dificilísima ejecución, sería la última gota de su precario equilibrio emocional. ¿Por qué se obsesionó con un concierto tan temido por tantos pianistas? Józef Hofmann, el virtuoso compositor polaco a quién Rachmaninov dedicó la obra, nunca se atrevió a tocarla en público argumentando “que no era para él”.  Gary Graffman se lamentaba de no haberla estudiado años atrás, cuando "todavía era lo suficientemente joven para enfrentarse al miedo". Horowitz a veces la tocaba con numerosos errores; Sviatoslav Richter erraba las octavas de la mano izquierda; incluso el propio Rajmaninoff no respetaba los matices ni las velocidades de sus propias partituras. ¿Por qué Helfgott eligió esta obra endemoniada? Porque así - durante esa caída en el interior de la abstracción musical extrema; a esa joya inigualable del gigante ruso - Helfgott liberaba su alma castigada. Tanto era así, que durante uno de sus conciertos sufrió un colapso y cayó inconsciente...

Recreación del incidente en la magnífica película "Shine". Impagable.

Le aguardaban diez años de reclusión psiquiátrica y el electroshocks. Luego conoció a su actual esposa, Guillian. Desde ese pilar, trató de reconstruirse; en cierto modo, lo consiguió.


En abril y mayo de 2005, Helfgott dio diez conciertos en Noruega, Suiza, Austria y Alemania.

Extracto de una entrevista de la gira:

Periodista: ¿Cuántas horas practica piano?
Helfgott: Bueno, bueno, bueno, digamos, 2 ó 3.
Periodista: ¿En su casa?
Helfgott: Cuanto más tiempo, mejor. Calidad, calidad. Es bueno para tí, tocar el piano. Es tu identidad. La piscina y el piano, eso dice Gillian.
Periodista: ¿Siempre está estudiando obras nuevas?
Helfgott: Pienso que necesitas variedad. La variedad es el sabor de la vida.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La utopía de Tomás Moro


En aquellos tiempos, decir “que a cada quien le fuera lícito seguir la religión que le pluguiera; más que para convertir a los otros también a la suya, pudiera esforzarse solo hasta el punto de exponer la suya con razones, placida y modestamente, no de destruir las demás acerbadamente si su persuasión no convence, y que no use ninguna violencia y se abstenga de injurias" requería un espíritu superior y, sobre todo,  muy valiente. Pero, como él mismo señalaba “no me preocupa gran cosa de lo que de mí se diga, con tal que Dios apruebe mis acciones."

Cuando el Enrique VIII quiso romper con la Iglesia Católica Romana y erigirse en cabeza de la Iglesia de Inglaterra, Tomás Moro  se negó a aceptar algunos de los deseos de un rey profundamente absoluto.

Enrique VIII

Su resistencia lo arrojaría en una de las frías mazmorras de la Torre de Londres, camino, catorce meses después, del patíbulo. Su inmenso corazón había sabido reconciliar las ideas tradicionales de la antigüedad y de la Edad Media, con las nuevas corrientes humanísticas. En el último momento, el rey le conmutó la horca por el golpe de espada; algo irrelevante para Tomás Moro, que no se doblegaría nunca, ni siquiera en sus últimos minutos. 

Mientras subía al cadalso habló de este modo a su verdugo: ¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo. Tanta era su fe. Al arrodillarse, dijo: Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte. Dirigió a los presentes estas enormes palabras: Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios.  Como último gesto de humor, sacó del bolsillo algunas monedas que le quedaban y se las entregó al verdugo, que de un tajo le cortó la cabeza... 

Corría el 6 de julio de 1535.

Ese día más que ningún otro, puede que el rey recordase unas palabras que su antiguo amigo había escrito en su magnífico libro Utopía:

“Mas si un rey fuera o tan despreciado por los suyos o tan odiado que no pudiera mantenerlos en la obediencia a no ser que los atropelle con vejámenes, con la exacción, con el decomiso y los reduzca a la mendicidad, más le valdría resignar el reinado antes que conservarlo recurriendo a unos métodos por los que, aunque retenga el título de mando pierde a buen seguro la autoridad.”


 Manuscrito de Utopia

martes, 18 de octubre de 2011

Alexander Rodchenko


Creador con C mayúscula, abarcó la pintura, las artes gráficas, la escultura, la arquitectura, el diseño y, por supuesto, la fotografía. Fue un artista completo.  



Impuso a su obra una contundencia que, aún hoy, sigue llamando la atención. 


Tras la Gran Guerra y la revolución del 17, el mundo experimentó unos años de optimismo y fecunda creatividad. En este contexto, nacen los primeros trabajos constructivistas, en los que Rodchenko sería uno de sus máximos exponentes. La máquina se convirtió en un protagonista más de su objetivo. La geometría subrayaba los encuadres o los desbarataba con fuerza e intención.


De esto modo, mostraría la realidad con mayor dinamismo, emplazando la cámara sobre la escena, o debajo de está, o recurriendo a planos inclinados. En sus fotos no encontraremos una colección de estatuas en blanco y negro sino la vida en movimiento, palpitante, enigmática. 




Rusia estaba cambiando. Era el lenguaje de una nueva era.  Durante unos años, floreció el auge de los carteles publicitarios. Las compañías competían entre sí, ensalzando los ideales revolucionarios.  



Stalin acabará con estos brotes ahogando la creatividad en un mar de gris austeridad.  A partir de ese momento, cualquier intento de buscar nuevas vías de expresión será mal recibido.  El estado se estaba convirtiendo en un enorme bloque de granito, imperturbable, inalterable, previsible. Por eso rechazará cualquier atisbo de cambio, de color, de vida independiente; esto es: cualquier atisbo de  arte. El constructivismo fue perseguido hasta la muerte. 


Lo más llamativo es que el constructivismo nació como una corriente opuesta al arte. Estas eran sus consignas:
  1. ¡Abajo el arte, viva la técnica!
  2. ¡La religión es mentira, el arte es mentira!
  3. Se matan hasta los últimos restos del pensamiento humano cuando se los liga al arte
  4. ¡Abajo el mantenimiento de las tradiciones artísticas!¡Viva el técnico constructivista!
  5. ¡Abajo el arte, que solo enmascara la impotencia de la humanidad! 
  6. ¡El arte colectivo del presente es la vida constructiva!

Sin embargo, y a su pesar, eran artistas. Stalin lo sabía. Por eso los persiguió. Por eso persiguió a Rodchenko y en 1933 se le prohibió fotografiar sin un permiso. El Estado le cortó las alas. No volvería a volar nunca más.



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