jueves, 16 de febrero de 2017

piedras



esa piedra oscura sin manos
silenciosa como un clamor incapaz de expresarse
no sabe que mañana seguirá aquí
atravesada dentro de mi cabeza
en medio de mí de ninguna parte 
oscuro clamor que aquí me atraviesa
en las manos silenciosas de cualquier mañana
siendo piedra
esa misma piedra
que no sabe expresarse




lunes, 13 de febrero de 2017

Árbol con piernas




Un árbol con dos piernas.
Un rastro verde que persigue mi furia roja.
¿Por qué lo haces?
¿Importa? Mi naturaleza vive de las cenizas
no de las respuestas.



viernes, 10 de febrero de 2017

La guerra por dentro



No ven ni el fuego ni el humo. No escuchan las explosiones. Las tiendas están abiertas. Los niños juegan en la arena, echan barquitos de papel por el río. El cartero me saluda sonriente, desde lejos. Todos están ciegos. Sólo yo sé que estamos en guerra. Nadie más lo sospecha. Siento la guerra cada vez más fuerte, sobre por dentro, arrasándome con su fuego y sus explosiones. El humo no me deja ver las calles. Camino casi a tientas y tropiezo delante de un grupo de ancianos que charlan como si nada. Me levanto con su ayuda, desesperado. Ya no reconozco a mi mundo: La guerra lo está transformado irremediablemente.


 


jueves, 9 de febrero de 2017

No somos




Te espero en lo que no soy,
en lo que nunca seré,
allí volveremos a encontrarnos
al fin en paz,
siendo otros,
más inofensivos,
mejores que nosotros.




martes, 7 de febrero de 2017

Amor neutro




La vida de K. podía descomponerse en unidades perfectamente ordenadas por la costumbre. Como en su día a día rara vez acontecía algún imprevisto, K. gozaba de  gran estabilidad y abandono. Se trataba pues de individuo neutro, ni dichoso ni desdichado, que cumplía con sus obligaciones sin planteárselas.  Esta apatía contaba con un contrapeso: la lectura simultánea de numerosos libros. En ellos hallaba ricas estructuras abiertas, intensidades subjetivas y ciertos espacios de libertad que funcionaban como válvulas de escape.  Como se pude ver, K. mantenía a la vida real en un difuso segundo plano. No debe extrañarnos entonces que la señorita J. sacudiese sus cimientos imaginarios al confesarle: “Sé que no has pensado en mí igual que yo he pensado en ti”. El silencio de K. pronto desalentó a la mujer. Lo que ella nunca llego a sospechar es que K., en su fuero interno, en ese mundo abstracto y silencioso tan propio de él, había accedido plenamente a dicho amor y que aquella relación neutra e imaginaria iba a durar muchísimos años.   





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