martes, 13 de septiembre de 2011

Perro semihundido de Goya

Las pinturas negras son una terrible metáfora de la decadencia del hombre. En ellas Goya declaró la guerra a Goya. Y no sólo eso:  son la guerra de todos contra todos. Sobre una base de pinturas campestres, la enfermedad, la vejez y la degradación generalizada de la España de aquellos años, sumió al artista en las oscuras profundidades de la desesperación.  Realizadas en las paredes de la Quinta del Sordo, cerca del Puente de Segovia, a orillas del Manzanares, fueron trasladadas a lienzo a partir de 1874.   

En el Perro semihundido el plano inclinado transforma el lodazal en una pendiente insalvable, bajo el peso de firmamento moribundo que lo abarca todo, inalterable, mientras una brizna de vida, el perro, se debate ante lo imposible: su salvación. La muerte parece arropar así su cuerpo aún caliente. Sus ojos brillan por última vez. Parece humano. Goya había hecho perro al hombre. ¿Quién podría salvarlo? ¿Quién podría salvarnos?

Antonio Saura calificó esta obra como “el cuadro más bello del mundo.”  Bello, no sé; desgarrador, seguro. 


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